El Arte de Escribir

La escritura es una de las tantas expresiones artísticas.
Narrativa y/o Poesía. Con un estilo propio.

jueves, 16 de abril de 2009

les mouettes



Este texto surgió del encuentro con una construcción, un paisaje. Las líneas siempre fueron importantes para mí. Remarco la cuestión del encuentro, porque creo que un sustrato de escritura no se va a buscar haciendo turismo o yendo de excursión. Más bien se produce el encuentro si se está atento. Lo que va a escribirse salta sobre el que está dispuesto, que no puede ser un turista. Un turista está de paso, va de visita, va a ver. No se compromete. El que escribe choca con algo que ya no es puramente externo: el encuentro hace que sea externo e interno, y desde ahí se escribe.




"...........Desde ese lugar, y sólo desde ese lugar, si uno mira, a lo lejos, se ve el mar. Se ve. El mar con sus pájaros de agua. Voladores de espuma, tejedores de itinerarios invisibles. Sus calles convergen sobre estas otras calles, estas calles terrestres que vuelan también hacia lo alto. El trazo del aire, del agua y de la piedra forman el cuerpo de este pequeño mundo, extraído del gran mundo para plasmarlo en el papel........................."




lunes, 6 de abril de 2009

Reflexiones de un Pintor




El artista plástico Darío Giménez llevaba un diario a la manera de un artista plástico: collages y dibujos en cuadernos. Puso a mi disposición esos cuadernos. Surgió un relato que dio origen a Reflexiones de un Pintor, tercer libro artesanal en mi haber, del que cuelgo acá algunas páginas.
Empieza así:

Todos los presentes son inciertos. El futuro camina entre nosotros.
Tengo delante mío un paquete de esos que nadie quiere abrir. Puede ser muy peligroso: está el tema de la radiación. Es un paquete que viene de la superficie. Y la superficie, se sabe, está altamente contaminada. Tenemos un solo mundo, pero eso no importa. El que puede darse el gusto, lo hace. Materializa todos sus caprichos, total, para qué privarse. Los demás flotan por ahí. Si revientan no tiene ninguna importancia. Cada quien que se cuide como pueda. Por eso nadie se anima a abrir el paquete. Lo rescaté y me lo traje. Puede ser que yo me anime. Alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que recuperar la memoria.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Girondo y la memoria


De Membretes (1944):

“Tanto en arte, como en ciencia, hay que buscarle las siete patas al gato.”

“Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir,”

“La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta.”

“Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada.”

“Los pintores chinos no pintan la naturaleza, la sueñan.”

“En arte, en poesía, nada más importante que el recuerdo, ni más indispensable que saber olvidar.”

Citas. Una cita con Girondo. Leer para recordar y leer para olvidar. La memoria hace su propio trabajo. Se mezcla y se da de nuevo.

Busco un pie de página de Camus, en El mito de Sísifo. Entre otras cosas, dice: “Casi todo el mundo se cree capaz de pensar y, en cierta medida, bien o mal, piensa efectivamente.” Me costó encontrarlo, porque lo recordaba con el verbo escribir en lugar de pensar: casi todo el mundo se cree capaz de escribir y, en cierta medida, bien o mal, escribe efectivamente. Pero deben ser pocos los que escriben porque no pueden dejar de escribir. Otro pie de página de Camus, esta vez de El primer hombre: “El libro tendría que tener todo el peso de los objetos y la carne.” Sin duda, si es producto de lo que no se puede dejar de escribir.

Casi todo el mundo escribe. Algunos no pueden dejar de escribir. Otros, lo que no pueden dejar es de publicar. Pero los escritos hacen su camino, muchas veces insospechado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

De picas y corazones


Escribimos con palabras. Tenemos a nuestra disposición un mazo de palabras en el que ninguna palabra tiene un valor absoluto. Cada palabra no es en sí misma ni buena ni mala, ni linda ni fea, ni agradable ni desagradable.

Nosotros vamos a jugar a un juego. Un juego de escritura. Ese juego, cada vez, va a tener unas reglas. Las reglas las ponemos nosotros, lo sepamos o no. Es de acuerdo a esas reglas que nos vamos a servir de ciertas palabras y no de otras, de acuerdo a esas reglas una palabra va a tomar en ese juego un determinado valor y no otro. Y siempre en relación a las otras palabras, no aislada, no por sí misma.

No está mal tener el as de oro en el truco, pero nadie lo quiere en el sucio. El doce de espadas cae bien en el chinchón si se acompaña con el once y el diez del mismo palo o con otros dos reyes, pero solo a nadie le gustaría quedárselo. El as, el rey, la rei-na, son las cartas más valiosas en el poker. Sin embargo si en nuestra mano tenemos una de cada una, con que el otro tenga un par de dos (la carta de menor valor) ya nos gana.

Así de relativo es el valor de las palabras, y aisladas no dicen, porque para cada uno a cada instante pueden querer decir cualquier cosa. Se necesita un contexto hecho de otras palabras para darle una significación. Ahí es donde ponemos las reglas. No las decimos: se ven por sus efectos, por los efectos que produce la construcción que hacemos.

Si sólo digo corazones ¿qué quiero decir? ¿Me refiero a la baraja, al amor, a Favaloro, a formas dibujadas, a sentimientos, a algunas personas, a reyes, a cupidos, a ciruelas, a dar ánimos, a gorriones, a….., a……, a…..?

Porque la palabra en sí no se refiere a una cosa. Se refiere a otras palabras. Aún si señalara una cosa y dijera “corazones es esto”, el valor estaría dado por el hecho de que lo estoy diciendo…con otras palabras. Con palabras. Trabajamos con palabras.

Pero esas palabras nos son ajenas. No somos asépticos observadores que las utilizan como un material para experimentos de laboratorio. Más bien esas palabras nos atraviesan, estamos en ellas, por ellas respiramos. Por ellas morimos.

Al escribir, volcamos un poco de nuestro ser para darle vida a cada una de esas letritas que se dibujan en la página. Si les ponemos pica y corazón, puede ser que digan algo.

martes, 2 de diciembre de 2008

Sin Fugas, Bach

Duermo en el centro de una estrella
sin saber. Sólo sostengo sospechas
Podría no despertar nunca
podría, antes que eso, creer que
duermo y no duermo
Pero si durmiera y despertara
la estrella podría estar cayendo
hasta desintegrarse
podría estar despierta
en el momento de desintegrarnos
Sin embargo esta estrella no cae
la cosieron al cielo
con hilo cósmico indeleble
para evitar sorpresas
Si durmiera y me despierto
voy a estar cosida al cielo
con la estrella
la vida de un botón
no caeremos
no nos desintegraremos
Y nadie pedirá
ningún deseo

lunes, 10 de noviembre de 2008

La novela fuera de la novela: el personaje que escribe


Todo se mediatiza. Por qué no los escritores. La cara, la voz, la pose, los gestos, el histrionismo, el discurso comprador, las anécdotas de la vida privada, la “cocina” de la escritura, la fritura, los trapos sucios, la ropa interior, las radiografías, los estudios técnicos, los tics, la ropa, el ámbito, el mobiliario, las relaciones, el bagaje cultural, el packaging, el dentífrico, el aliento, los viajes, las opiniones varias sobre todo y sobre todos, la filiación de todo tipo, las explicaciones, las procedencias múltiples, los trajes, los maquillajes, la bijouterie, los amaneramientos, los manierismos, los extranjerismos, los purismos, el color de ojos, el pelo, las sonrisas, las uñas, las mascotas, las bibliotecas, los bares, los sofás, los pufs, los pafs, los perfumes, los colores, los olores, los achaques, los hechizos, las mañas, las lagañas (no conozco a nadie que diga legañas), las angustias, las alegrías, las penas, los gustos, los disgustos, las modas, las almohadas. Todo hay que saber, escuchar, degustar, oler. De ese o esa que escribe, que escribió algo. Y para rematar la foto: ver, hay que ver cómo es, qué aspecto tiene, si seduce.

Pero ese personaje que arma una novela actuada, en relación a la novela escrita, a eso que escribió, ¿qué función cumple? ¿Es necesario para ese escrito? Ese escrito ¿no es un producto independiente? ¿Se sostiene en el personaje? ¿No puede ese escrito vivir su vida por su cuenta, con sus propios personajes, su propia trama, su propio mundo, sus propios medios, su propio texto a ser leído?

Y si ese personaje que escribe, que está por fuera de lo que escribió una vez que terminó de escribir, no le es necesario a ese escrito, no le aporta nada más, no le es imprescindible ¿Para qué está?

El que lee el escrito ¿en función de qué necesita conocer a ese personaje escritor que lo escribió? La lectura ¿no se sostiene sin el personaje autor que habla por fuera? O pretende ser un extra, un plus. Para qué tanto. Por qué cada vez más. ¿Necesita un extra un texto? ¿Un garante? ¿Un soporte sólido que lo sostenga por fuera de donde está escrito? Y si no lo necesita, ese escritor personaje extra, externo a lo que escribió, de más, ¿para qué?

Siempre hubo personajes escritores, en paralelo con sus textos. Pero los textos funcionaban por su cuenta. Si los textos tienen que apoyarse en toda esa performance mediática del autor, aunque sea porque el público lo pide, ¿para qué leer los textos? ¿Para qué la literatura? ¿No es mejor ver una buena película?





martes, 21 de octubre de 2008

Hace tiempo que en este blog no dice nada nuevo. La ciudad duele por todas partes, y este blog no es ajeno.
Mucha gente en la calle está contenta porque ve en los escombros obras en construcción. Otros están más nerviosos, pero creen que no, que están como siempre. Cuando hablo de escombros no me refiero sólo a los literales. Hay palabras abstractas que hacen a la cosa pública acá en Buenos Aires, que eran de todos y para todos. Palabras como salud, educación, cultura, dignidad. Se resquebrajan a una velocidad pasmosa. Se convierten en escombros delante de nuestros ojos.
Los jazmines paraguayos aportan las últimas notas de perfume, el sol acaricia, la lluvia resbala en los adoquines que todavía quedan. El polvillo amarillo de los plátanos se mezcla con el polvillo rojo de los limpiabotellas. Flores, que hacen a una primavera que no sabe lo que pasa y se extiende sobre la ciudad, como todos los años. Pero éste no es un año cualquiera.
Es tan fácil destruir, se hace tan rápido. Basta querer. Se ponen carteles vistosos donde se dice todo lo que no se hace. Y se destruye con tranquilidad, con placer, con el placer del nene que destroza el chiche nuevo. Sólo que en este chiche vivimos nosotros. No importa. Se leía hace un tiempo en uno de esos carteles alegres: "No hay ciudad sin poesía". En la nuestra también debe haber. Debajo de un montón de escombros. Resquebrajada, como todo lo demás. Resquebrajada y rota. La cáscara de una palabra que se desprendió de toda humanidad, igual que Buenos Aires.